viernes, 10 de agosto de 2018

"Los públicos no nacen, sino que se hacen, se forman y conforman" Juan Antonio del Monte



Comentarios/presentación de la conferencia “El espectador de danza contemporánea en Tijuana” de Ivone Morales



Por: *Juan Antonio del Monte Madrigal



Morales Navarrete, Ivone del Carmen. Mirada del público en la Muestra Internacional de Danza Tijuana Cuerpos en Tránsito 2016 y 2017. Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza, José Limón. México, D.F. 2018, 205 p



           Agradecer a las hermanas Escobedo la invitación a presentar o comentar la conferencia de Ivone Morales: “El espectador de danza contemporánea en Tijuana”.


           Más que un texto o lectura súper estructurada, quisiera presentar algunas ideas que, como sociólogo y tijuanense, me provocó la lectura del trabajo de Morales, y la idea de pensar en la danza y sus públicos en esta ciudad.



            Ivone nos convoca: hablemos de públicos, hablemos de Tijuana y hablemos de danza. Sobre la danza, y quiero ser muy sincero con esto, frente a bailarines y en el marco del Conservatorio, me encuentro como aquel vendedor que quiso ir a vender refrigeradores al polo norte. Más que decirles algo vengo a aprender cosas de ustedes. (Además, en este contexto todos sabemos que la danza más que pensarla hay que sentirla y practicar esa invitación a la que las hermanas Escobedo nos hacen a cada rato en redes sociales: ¡vamos a bailar!). En lo que sí podemos pensar larga y tendidamente es en Tijuana y en los públicos de arte y en cómo se interrelacionan estas dos cosas con la danza en esta región fronteriza.


Una repasada rápida, porque soy sociólogo, de las estadísticas disponibles para hacernos una idea de lo que hablamos. Según la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales, en Baja California, 76% de los encuestados respondió haber asistido a un espectáculo de danza. Se estima entonces que tres cuartas partes de la población bajacaliforniana ha asistido a disfrutar de la danza. Sin embargo, el 68% respondió que tiene más de un año de no asistir a un evento dancístico, en tanto 24% respondió haber asistido sólo 1 vez en el último año y un muy moderado 4% respondió haber asistido más de dos veces (claramente no encuestaron a nadie de los presentes). Ahora bien, respecto al tipo de espectáculo de danza al que asistieron 54% respondió haber asistido a observar danza folclórica o tradicional y un 33% a ballet, así sólo un 7% respondió haber asistido a ver danza contemporánea.





          Este pequeño mapeo estadístico sobre las personas que asisten a la danza en Baja California, nos da una pequeña idea de que el público de danza en el estado aún es joven y resta un enorme trabajo por hacer para la formación de públicos de danza. Pero más allá de eso, hay algo que los fríos números no nos dejan ver: cómo reaccionó el público que sí asiste a espectáculos de danza en la ciudad de Tijuana o en el estado de Baja California, qué pensaron, qué sintieron, qué les movió. Afortunadamente (para quienes nos interesa el lado más cálido de la investigación social) eso es algo que la presentación de Ivone Morales sí nos muestra. Ella hizo un muy interesante ejercicio de investigación al sentarse del lado de los espectadores en dos ediciones del festival Cuerpos en Tránsito en la ciudad de Tijuana.

            Ahora bien, ser la espectadora de los espectadores, como ella misma lo dice no es, ni mucho menos, una tarea sencilla. Además de estar atenta a la danza, ella tenía que estar atenta a las reacciones, posturas, gesticulaciones, movimientos de los asistentes al festival. Para ello, echó mano de una serie de recursos de investigación social, de los cuales me interesa rescatar algo que sólo ha sido dicho de pasada en su tesis, pero que, por la dificultad, pienso que es uno de los grandes aportes: la utilización de los procedimientos etnográficos de investigación. La etnografía, no es momento para abundar en ello, es el proceso de investigación más arraigado en la antropología social y se basa en la idea de que el investigador tiene que ser testigo presencial de lo investigado, tiene que ‘estar-ahí’, insertarse en las dinámicas de la comunidad a investigar y ser partícipe de ellas. En corto, la etnografía implica que la presencia, la subjetividad y el cuerpo de la investigadora es el principal instrumento de conocimiento.


Sin embargo, la etnografía tiene un riesgo, muy discutido en la historia de la antropología: la no-objetividad del observador. La etnografía necesariamente es subjetiva, sin embargo, ello no quiere decir que hay que tirar a la basura lo analizado o que ese conocimiento no sirva. Por el contrario, sólo le añade complejidad a la labor de investigación en tanto se asume que, al ser la única forma de conocer determinado problema, tiene un sesgo de interpretación: la subjetividad del investigador. Lo que quiere decir que el trabajo del investigador es doble, no sólo tiene que observar a los espectadores, sino que tiene que observarse a sí mismo observando a los espectadores. Es decir, a la hora de hacer la interpretación, uno se tiene que cuestionar su propia participación y el lugar desde donde reflexiona lo que piensa y enuncia lo que dice. A esto los sociólogos le han llamado ‘vigilancia epistémica’, es decir, mantener una estricta autoobservación crítica sobre las formas en que como investigadores generamos conocimiento. Ivone Morales, nos presenta un encomiable trabajo donde ella misma se colocó como la espectadora de los espectadores y en ese sentido, ella hizo un trabajo de observar a ellos pero también de observarse a sí misma.

Del trabajo de Ivone, rescato una serie de premisas y postulados:

1) las obras de danza son, si se observa desde la perspectiva sociológica, un acto intencionado de comunicación. ¿A quién? Al público. A través del movimiento del cuerpo, se intenta comunicar determinadas premisas a los espectadores.

2) el público no es pasivo. Por el contrario, toda la manufactura del trabajo de Ivone es un intento por decir que el público es sumamente activo que, en el fondo –y en unos momentos volveré a ello–, participa en la conformación de las piezas de arte que va a observar. El público es activo, en tanto cuenta con un bagaje sociocultural a través del cual interpreta (por medio de su capacidad reflexiva) y siente (por medio de sus emociones) las obras de danza que se le están comunicando.


En ese sentido, más que recibir una obra de arte, el público o espectador construye, reflexiva y emocionalmente, el producto cultural que consume. Es decir, el espectador se apropia y hace uso de lo que el artista le transmite –más allá de las intenciones que tenían los bailarines y coreógrafos. Y así, (a veces a los artistas puede dolerles esto), la obra de arte no está completamente en las manos de los artistas, el público, al final, es quien la recibe, apropia, reconstruye e interpreta. El público es, por lo tanto, parte fundamental de la pieza artística.

Por todo lo anterior, y espero poder explicar esta idea, lo que se está planteando aquí es la idea de que la danza, a final de cuentas, es relacional. Es decir, las obras no las construyen solamente los artistas, bailarines o coreógrafos, sino que se terminan de construir en la interacción/relación entre público y bailarines. El arte en ese sentido no es unilateral, no sólo lo ofrece el artista, sino que –como decía el viejo filósofo Gadamer, siguiendo al maestro– el público es quien la actualiza.

3) La danza ha estado ligada a los inicios mismos de la ciudad. En algún clavado que me eché respecto a la publicidad sobre Tijuana a principios de siglo XX me encontré que lo que más se promocionaba, además del licor prohibido en Estados Unidos, eran los bailes que se llevaban a cabo en bares y casinos tijuanenses. Por supuesto, esa es otra historia –una leyenda negra–, solamente la coloco para decir que esta ciudad tiene una larga relación con la danza (la bailarina sin cabeza es, por supuesto, una de sus más épicas leyendas). Lo que hay detrás de todas estas publicidades es una circunstancia geográfica con implicaciones sociales fundamentales para esta ciudad: la frontera.

Del trabajo de Ivone, también rescato la idea de que la frontera es fundamental en la puesta en práctica de la danza en la ciudad y de la posibilidad de organizar festivales en contacto con compañías del otro lado del muro. La frontera, respecto a la organización de eventos dancísticos en la ciudad, más que un muro –como decía Simmel, uno de los pilares de la sociología– es un puente. En el análisis que Ivone hace respecto al seguimiento por años del festival Cuerpos en Tránsito, muestra que el carácter binacional de la danza en Tijuana sí ayuda a su internacionalización. Al respecto me quedo con la duda, y le paso la bolita a Ivone, cómo es que Tijuana y su circunstancia fronteriza, opera en la participación de los públicos frente a la danza. En el documento que escribió, se logra observar que hubo gente que se salía de la sala por irse al otro lado a hacer fila, y aunque en el análisis no se abunda demasiado en ello, supongo que por ahí hay algún tipo de respuesta.

4) Por último, la necesidad de hacer estudios de públicos de danza en Tijuana. Finalmente a lo que se debe la obra de arte es al público, quienes –como dice Heidegger, Gadamer y todos los hermeneutas del arte– son los que actualizan la obra y la hacen completa. Sin la actualización en un tiempo y en un espacio específico, desde esta postura, la obra de arte está incompleta. Esto quiere decir, entonces, que dicha actualización tiene que ver con el contexto donde se lleva a cabo. En este caso, hablamos de nuestra querida Tijuana. Esta es, según yo, una pista para la pregunta que acabo de lanzar en el punto anterior.

Ahora bien, los públicos no nacen, sino que se hacen, se forman y conforman.

Ivone encontró un perfil promedio muy interesante del público que asistió a Cuerpos en Transito: mujeres, jóvenes, calificadas (familiares y estudiantes). Esto quiere decir –como mencioné en un inicio– que el público de danza en Tijuana, como público y más allá de su perfil sociodemográfico, es joven –a pesar de que es un proceso de varias décadas–. Una oportunidad de intervenir en la formación de públicos en Tijuana.

Sin embargo, la necesidad de formar públicos de danza, no se trata sólo de educarlos (como si las personas que van a ver danza no pudieran pensar ni sentir por sí mismos –como decía, tienen un bagaje cultural desde el cual operan–). Se trata más bien de hacer conciencia de la participación/actualización recursiva de la obra de arte por parte de artistas y espectadores. En ese sentido, lo que se trata de colocar en el primer lugar de estas reflexiones, es a alguien fundamental, pero generalmente ausente en las discusiones de arte: el público.

Al respecto me parece que desde el festival VeinteOnce y el Conservatorio de Danza México están haciendo una labor loable, no sólo en presentar espectáculos de danza sino en ofrecer talleres, proyecciones de cine, conferencias, etcétera en donde se intenta pensar integralmente a la danza y ello, incluye la reflexión sobre el público que asiste a la misma. Por ello, mis mas sinceras felicitaciones.

*Juan Antonio del Monte Madrigal, sociólogo, Colegio de la Frontera Norte.

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